miércoles, 18 de marzo de 2009

Obediencia y ley de Género

Cada día la prensa nos informa muy detalladamente de las muertes que se producen en España por violencia machista, y no de género como nos camuflan los medios de información, somos capaces de soportar las palabras y su significado, no las imágenes llenas de sangre y violencia con las que a diario nos bombardean, sin tener en cuenta los horarios ni el objetivo del medio.
Las cifras según la asociación Red Estatal de Organizaciones Feministas Contra la Violencia de Género, son de ciento quince muertes en el año 2008, cien en el 2007, ciento once en el 2006. No es de extrañar que este país, plagado de sinvergüenzas en el que la cultura del pelotazo se impone a la del trabajo y la iglesia católica se inmiscuye perentoria y cotidianamente en cualquier decisión, no logre reducir esta lacra social.
La repudia de los autores, la más absoluta confrontación con los que amenazan, golpean, acosan, el rechazo social y familiar a aquellos que vilipendian a los que dependen de ellos, la persecución judicial, policial y social con todas nuestras armas y con todas nuestras fuerzas. Podría seguir así durante páginas y páginas, pero se quedarían sólo en eso, palabras, como las que escuchamos a diario y siempre tras una nueva agresión, mutilación o asesinato.
¡Basta ya! Esta sociedad necesita hechos, no necesitamos carteles que nos informen, ni que nos enjuicien por no ir a comisaría cada vez que nuestros vecinos discuten, no necesitamos volver a la época del colaboracionismo nazi, ni convertir en espías a nuestros amigos, necesitamos cultura y educación, necesitamos que nuestros hijos comprendan y asuman como deberán comportarse cuando sean adultos, necesitamos que la sociedad no justifique ningún caso de malos tratos, necesitamos que nuestras madres hagan comprender a sus hijos que son iguales en casa, que las tareas del hogar no son responsabilidad de sus hermanas y que no tienen más derechos ni obligaciones que ellas y que a pesar de lo que dice la santísima (en su décimo primera acepción por favor o en la octava si no les causa malestar) iglesia católica al respecto, SI somos iguales, ante la ley y ante dios, si en verdad, este hubiera existido o hubiera muerto, jubilado o dimitido hace años.
Esto no podrá hacerse hasta que no se institucionalice el raciocionio de la igualdad, hasta que todos los estamentos de la sociedad asuman su papel para conseguir este objetivo. Pero para eso necesitamos más realidades y menos palabras. El gobierno de España va a destinar más de mil cien millones de euros para políticas de igualdad, pero yo me pregunto ¿para qué sirven cuando más de un 90% de la población española se declara católica?
Alguno de ustedes estará pensando, "ya se le ha ido la pelota", posiblemente así es, pero me gustaría que leyeran (aunque no creo que puedan terminarla) la encíclica que dejó a sus ovejas el pastor y vicario del cristo nonato (en su segunda acepción, no se enfaden) católico, Pio once palitos en 1930 y que nuestro amado ex-inquisidor aún no ha negado "CASTI CONNUBII" y en la que explica a todo su rebaño, como debe ser un matrimonio.
Como supongo que ninguno de ustedes la leerá (están empezando a caerme bien) les pongo un párrafo que no tiene desperdicio: "Consolidada, por último, la sociedad doméstica con el vínculo de este amor, es necesario que florezca en ella lo que San Agustín llama jerarquía del amor. Jerarquía que comprende tanto la primacía del varón sobre la esposa y los hijos cuanto la diligente sujeción y obediencia de la mujer, que recomienda el Apóstol en estas palabras: Estén sujetas las mujeres a sus maridos como al Señor, pues que el varón es cabeza de la mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia".
Podría haberme quedado ahí, pero como solemos decir algunos, lo que va mal, siempre puede ir peor, tratando de arreglarlo nos deja la siguiente sinfonía al refinamiento: "Tal sumisión no niega ni quita la libertad que en pleno derecho compete a la mujer... pues si el varón es la cabeza, la mujer es el corazón, y como aquél tiene el principado del gobierno, ésta puede y debe reclamar para sí, como cosa que le pertenece, el principado del amor". En fin no quiero ni imaginar en lo que estaba pensando el bueno del Pío cuando escribió esto, "principado del amor". ¡Manda huevos!
¿Para cuándo otra crucifixión?, creo que no teniendo "cristos" a mano, deberíamos empezar por su vicario en la tierra.
Para finalizar, no resisto la tentación de indicarles esta referencia (estúpido ) por si alguno de ustedes "padece la misma enfermedad" que el estúpido que cuenta lo que le sucedió.
No olviden si localizan las señas del doctor Sr. Jesús del que nos habla, ponérmelas en los comentarios, nunca se sabe si algún día llego a padecerla yo también.

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