martes, 1 de marzo de 2011

Trastorno mediático en las dunas

Que el periodismo es una profesión perdida para los valores deontológicos es algo que todos sospechábamos, concienciarse de ello nos puede afectar directamente al hipocondrio en caso de ser muy nerviosos o al hipotálamo a los que somos más pragmáticos.
Somos capaces de permanecer ante la pantalla plana de nuestros televisores y escuchar las perogrulladas de nuestros ministros de exteriores en el Consejo de Derechos Humanos sin que realmente estemos tomando conciencia de lo que no dicen.
Los dictadores paneuropeos que nos han alimentado con productos energéticos haciendo que nuestro modelo de vida siga siendo lo que es, están teniendo que salir por piernas en algunos casos y en coma en otros de sus paraísos terrenales. Todos ellos rodeados de sus cien mil vírgenes que añadían piropos a sus egos mal dimensionados, están viendo como la gente, ni más ni menos que su gente los odia, simple y llanamente.
Son capaces de demostrarnos a los defensores de los valores occidentales que ni tenemos valores ni nos merecemos el título, que nuestras podridas vidas, asentadas encima de un queso y comiendo de otro no valen para ellos, ni como ejemplo ni como objetivo.
Cuando en los sesenta la revolución hippie asombró al mundo plantando flores en los cañones, el mundo quiso girar un poco, inclinandose hacia la vida y no hacia el dinero, ahora cuando vemos a cientos de miles de egipcios poner sus pechos hambrientos ante los fusiles de sus millonarios dictadores, vemos que el mundo está girando otro poco, esta vez hacia un reparto más equitativo de la riqueza.
Pocos imaginamos que esto podría suceder en una zona del mundo tan secuestrada ideológicamente por su religión, tan diezmada culturalmente por las multinacionales o multinacionales y tan coartada en sus valores educativos por los fariseos mahometanos. Todos teníamos pesadillas con una nueva invasión del "moro", pero ninguno imaginó que había esperanza para su gente.
Después de ver como Europa defiende sus intereses económicos en la zona y no mueve un dedo por la gente que está muriendo por sus ideas, me pregunto si la hipocresía de nuestros gobiernos electos irá más allá o se quedará en eso, solo palabras.
¿Cuántas veces vamos a ver en la pantalla manipulada las imágenes de gente manifestándose, luchando y muriendo, esta vez, no en la casa de Mahoma sino en las puertas de la gran muralla?
Mientras el mercado chino siga comprando nuestra tecnología para copiarla y pueda inundar nuestros hogares con porquería de 100 pesetas todos estaremos tranquilos, cuando los 26 millones de chinos que viven por debajo del umbral de la pobreza quieran salir a la calle a manifestarse y a exigir a sus gobernantes no electos lo que en justa medida se merecen, veremos si realmente las televisiones del mundo dicen lo mismo que ahora están diciendo.
Seguro que lo veremos, pero ¿cuándo?