Nos encontramos ante una iglesia católica desesperada y arruinada, económica y moralmente hablando, y por lo tanto beligerante en sus formas y procedimientos. El constante ataque al que nos vemos sometidos aquellos que no compartimos sus creencias nos está poniendo muchas veces entre la espada y la pared.Las llamadas a la desobediencia civil, a no respetar la ley ni los veredictos judiciales, a no cumplir con sus obligaciones tributarias, al solicitar constantemente gasto público mediante la presión social y política no responden sino a una pérdida de identidad y de razón.
Durante los últimos mil cuatrocientos años han hecho y deshecho cuanto les ha apetecido, es la primera vez en la historia que la sociedad da la espalda al clero y a sus "milongas" (en su sexta acepción), se encuentran en su menor índice de apoyo militante desde que se fundó la romana (Del lat. [statera] romāna: coloquialmente hablando).
Países como España e Italia, baluartes del catolicismo a ultranza están dando la espalda, cada vez en mayor grado, a la ingenuidad de los ideales cristianos, retrógrados socialmente hablando e infantiles en su bibliografía, cada vez estas sociedades, son más conscientes del flaco favor que han hecho durante estos siglos y de la tergiversación histórica que se ha llevado a cabo, simple y llanamente para mantenerse en el poder.
Mediante el control de la cultura, la iglesia católica ha sabido conservar el poder que acumuló de manera artera durante el desmembramiento del imperio romano, tras siglos de prohibir la lectura de la biblia a los creyentes, de no dispensar el conocimiento que había acumulado en sus manos, e incluso de hacerse indispensable en cargos públicos. Todos esos siglos en los que han escrito y redactado la historia con el prisma de su exclusivo interés, en los que nos han disfrazado las mentiras y las medias verdades como dogmas de realidad, han hecho de nosotros cadáveres culturales, hemos tardado más de mil trescientos años en decir basta, pero con un coste muy elevado que aún hoy seguimos pagando. Es tan difícil quitarse ese yugo como separarlo de las flechas.
Los prejuicios católicos implantados durante siglos han supuesto para la civilización un auténtico desastre, lo que inicialmente podría haber sido una fe basada en el amor al prójimo lo convirtieron con sus ansias de poder en una fe basada en la acumulación de riquezas y de poder, lo seguimos sufriendo todos y cada uno de los días de nuestra triste historia.
Me parece penoso que nuestra sociedad acepte infinitamente mejor ver imágenes en televisión en las que degüellan a una persona que una pareja manteniendo relaciones sexuales, esa mentalidad de ofensa hacia nuestro cuerpo y hacia el de los demás que nos han grabado a fuego, nos ha convertido en pedófilos enfermos, violadores, maltratadores, asesinos y por último en suicidas.
Para que se hagan una idea de la situación actual de la romana, a principios del siglo diecinueve palitos, casi el ochenta por ciento de las tierras del campo español se las repartían entre municipios, cabildos, etc. y la iglesia, concretamente cerca de doce millones de hectáreas en manos de la jerarquía eclesiástica sobre cincuenta millones aproximadamente del total de España.
Además de este pequeño latifundio, estos señores contaban con diezmos, primicias, censos, derechos señoriales y un largo etcétera de medios de financiación que les hacía ser ni más ni menos que el principal poder económico de la época.
En 1.812 se lleva a cabo la primera reforma legal para incorporar al estado mediante desamortización (en su segunda acepción) las propiedades de las comunidades religiosas extinguidas; entre 1.834 y 1.835 se suprimieron la Inquisición, la Compañía de Jesús (si, si otra vez) y aquellos conventos y monasterios con menos de doce miembros. También en 1.835 se produjo la famosa desamortización de Mendizábal que radicalizó las medidas de las anteriores desamortizaciones, suprimiendo las órdenes religiosas al considerarse desproporcionados los bienes que acumulaban.
En 1.836 el vicario de cristo en la tierra, Goyo dieciséis palitos rompe las relaciones con el estado español. En 1.837 se suprimió el diezmo y las primicias y se extendieron las desamortizaciones al clero no incluido en las órdenes religiosas, pero se aprueba en la constitución de 1.837, que el estado español está obligado a mantener el culto y los ministros de la religión católica. Este artículo junto con el nuevo modelo de financiación aprobado que repartía (el pago por supuesto) de manera más equitativa el diezmo anterior entre todos los ciudadanos permite mejorar las relaciones entre los vaticanos y el estado español, llegando incluso a declararse la confesionalidad del estado en la constitución de 1.845 y firmando un Concordato en 1.851 por el cual el poder religioso reconoce el régimen de Isabel dos palitos.
Entre 1.845 y 1.928 se produce un empobrecimiento de tal calibre en el clero español (no en la jerarquía por supuesto, de todos es sabido que es más fácil gestionar a unos pocos que a muchos) que el episcopado solicita a Primo de Rivera una mejora en los salarios que el estado paga a los párrocos, la respuesta fue clara, los propios católicos son quienes deben ayudar y mantener a sus religiosos.
En la constitución de 1.931 se declara que el estado no tiene religión oficial, que la libertad de conciencia y derecho a profesar o practicar libremente cualquier religión quedan garantizados y separa de manera clara el estado y la iglesia, convirtiéndola en una mera ( en cualquiera de las dos acepciones) asociación y eliminando todas las aportaciones dinerarias que se realizaban anteriormente, lo que provoca de nuevo la ruptura de relaciones entre la romana y el estado.
El golpe de estado del difunto fascista-genocida-dictador Franco saca a los obispos y prelados a la palestra, el arzobispo Isidro Gomá es el primero en apuntarse en apoyo a los golpistas, el obispo de Salamanca, Enrique Pla y Deniel director de Acción Popular, fue el segundo (por milésimas) en dar su apoyo a los sublevados.
Con la victoria militar de los franquistas la iglesia salió de su precaria situación económica, en 1.939 se restablecen las obligaciones económicas del estado y la confesionalidad del mismo, firmándose el concordato en 1.953, con las siguientes perlas:
Primero, "El estado español reconoce a la iglesia católica el carácter de sociedad perfecta", no es nadie el pio doce palitos haciendo pactos.
Segundo, "reconocimiento internacional de la santa sede por parte del estado español", vamos sin ir a la ONU ni nada.
Tercero, "reconocimiento del pleno derecho de la iglesia católica de adquirir, poseer y administrar todo tipo de bienes".
Cuarto, "se determina una indemnización por las desamortizaciones realizadas hasta la fecha".
Quinto, "se concede a la iglesia la posibilidad de recabar libremente de los fieles prestaciones, tanto muebles como inmuebles para la prosecución de sus fines".
Como dice un amigo mío, de aquellos polvos, vienen estos lodos. Queda claro con este pequeño estudio de la historia que lo que más daño les hace a las asociaciones de malhechores es la cartera, en cuanto se la quitas dejan de vivir.
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