miércoles, 18 de marzo de 2009

Las uñas de la curia

Tenemos a la jerarquía eclesiástica en ebullición orgiástica de dudas y zozobras. No es solo por causa nuestra, pobres mortales, que al fin y al cabo no tenemos lo que nos merecemos, también lo están entre ellos. Entre equivocaciones papales, errores arzobispales, mentiras obispales y tergiversaciones sacerdotales nos están poniendo la sensibilidad a flor de piel, ya no ganamos para disgustos.
En estos dos meses y medio que llevamos de año hemos visto como nuestro santo-futuro-beato pontífice, ha rectificado su propia decisión de des-excomulgar a los escindidos lefrevianos paralizando des-excomunión de la excomunión (suena raro ¿verdad?, a mi también me lo parece), hecho que le honra y que demuestra una vez más que rectificar es de sabios aunque en este caso podríamos decir que es de falibles o erráticos, quedando convertido en un mito (en su tercera acepción, como muchos sospechábamos) la infalibilidad del papa, sea este quien sea.
Este papa del que dicen las buenas lenguas (arzobispales sin ir más lejos) que está muy solo en el Vaticano y que no se siente apoyado por sus correligionarios (en su segunda acepción) trata de apretar el paso ante los cambios que se producen cada día en nuestra sociedad, pero como todos sabemos los pasos grandes cuando se llevan faldas provocan tropiezos. Dice el refrán que el que tropieza y no cae avanza un paso, pero me temo que los tropezones del dieciséis palitos romano están provocando caídas, algunas de ellas, ironías del destino, conducen a la hilaridad del que las escucha, otras en cambio provocan catástrofes sangrientas.
Veremos no tardando, que este señor “de mozo muy jaranero, muy galán y algo torero” como decía Machado, se desdecirá de muchas otras estupideces que se le ocurren durante el desayuno tras noches de insomnio tántrico-místico en su limbo particular (deberían dejar de llevar esas hierbas tan raras al vaticano, úsese en su quinta acepción claro). Espero especialmente una rectificación concreta y es referente al asunto del infierno (no se rían que a mi no me hace gracia). Como algunos de ustedes sabrán no hace mucho tiempo el neo-papa desmintió al anterior, Juanpa dos palitos, en el asunto del infierno moral-metafísico que el patrocinaba, y nos dijo “el infierno si existe y no está vacío…”, también nos dijo “… se necesita un ayuno de imágenes y palabras. Tenemos la necesidad de un poco de silencio”, cualquier avezado comentarista de noticias habría añadido: “siga usted su propio consejo y cállese un poco”.
Ante el temor que me inspira la existencia física del infierno, mi mente desestabilizada por esta nueva realidad, me ha empezado a bombardear con una larga serie de preguntas y que voy a trasladarles a ustedes por ver si tienen alguna respuesta que satisfaga mi inquieto espíritu.
¿Cuánto tiempo se tarda en llegar al infierno una vez muerto?
¿Llegas al infierno muerto o pasas a un estado semi-comatoso que permita disfrutar de las constantes aberraciones y castigos que allí te infligen?
¿Puedes ver, sentir o palpar a los que sufren contigo? Y si es así, ¿Podría hacerle una pregunta a Juanpa dos palitos? Es que cuando se murió me dejó con alguna duda.
Las respuestas a estas preguntas son importantes para cualquier humano que se precie de serlo, sé que alguno de ustedes volverá a pensar, se le ha ido la “pelota” de nuevo, pero yo que ustedes me lo plantearía, si tardas mucho en llegar al infierno, llegas muerto y además los que están contigo te ven, te sienten y pueden palparte, el castigo consiste en soportar a tus congéneres, que es básicamente lo mismo que padecemos durante toda nuestra vida, y no en las llamas que te consumen eternamente, ni en el castigo de no ver a dios, hecho al que por otro lado, ya estamos más que acostumbrados y no sería muy duro de soportar.
No querría terminar esta carta sin hacer referencia a las disputas arzobispales que se están manteniendo también en esta semana, hace algún tiempo en Brasil una niña de nueve años, fue violada por su padrastro quedando embarazada tras la agresión. Por si fuera poco, esta niña de treinta y seis kilos y menos de metro y medio de estatura llevaba siendo violada desde los seis años y antes de realizarle el aborto terapéutico, se le detectaron dos embriones. A la niña se le practicó un aborto a las quince semanas con la autorización materna y según permite la ley de ese país.
El monstruo José Cardoso Sobrino, arzobispo-venenoso-vipéreo-dañino-pérfido-nocivo-retorcido-hiriente, hijo nacido del incesto de la virgen y el gran cristo (en forma de paloma eso si), seguidor de su padre y secuaz de la puta de babilonia-romana-apostólica y grandísima católica, madre de todas las desgracias, destino de pederastas y travestidos, ninfómana del dolor apoteósico del mundo en definitiva, se lanzó a los medios cual borrico sobre caldero de zanahorias, afirmando que “la ley de dios está por encima de cualquier ley humana”, calificando “mucho más grave el aborto que los crímenes perpetrados por el padrastro”. Logró con su simiesca actitud de primate no evolucionado, que la pandilla de fundamentalistas de los que vive y a los que absorbe el cerebro y la cartera, bloqueasen el centro hospitalario, no permitiendo que se llevase a cabo la operación a la niña. Finalmente asociaciones de derechos humanos lograron que si se realizase.
Según datos estadísticos, el treinta por ciento de la violencia doméstica en Brasil conlleva abuso sexual o violación, ¿Cuántas víctimas necesita el injuriador José Cardoso? Como dice el arzobispo y presidente de la Academia Pontificia para la Vida, Rino Fisichella, “son otros los que merecen la excomunión”, pero yo diría más, son otras las que debieron abortar en su día para que malformados como José Cardoso no hubieran venido al mundo. No se abracen ni lancen vítores a favor del Rino (-ceronte-) Fisichella, padrino de más de cien millones de africanos que mueren de sida por su política contra los preservativos, este señor en lo único en lo que le enmienda la plana al engendro de Cardoso es en cuanto a la prisa por llevar a cabo la excomunión de la niña violada, de su madre y de los médicos que la hicieron la operación y que ha provocado que salga en la prensa. ¡Maldita sean mis ojos que me permiten ver estas cosas!

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