Tras poco más de treinta años de constitución y sistema bicameral, tenemos ante nosotros una triste realidad, no tengo representante político al que exigir responsabilidades, ni de carácter legislativo ni de carácter judicial. Cada cuatro años observo atónito, igual que muchos de ustedes seguro, las peleas callejeras que tienen dentro de sus partidos los políticos para ubicarse en las listas como candidatos, nuestros profesionales de la política se han convertido en chacales de congreso, empujones y pisotones dejan paso a dentelladas y zarpazos en pro de la beneficencia estatal que el cargo les supone. Los políticos del siglo pasado que lucharon por la democracia y por los valores que se les exige a los ciudadanos han derivado en auténticos golfos, meretrices de la cultura del pelotazo y el arrime de sardinas a su ascua.
Todos los elegidos (que no representantes) se esconden en la masa de sus partidos para tapar sus incomodidades éticas y económicas, se respaldan unos a otros como perros que defienden el ganado pero pelean por el hueso que les tira el pastor. Cada día se suceden más y más casos de parlamentarios que rompen su código deontológico por un plato de lentejas, no tienen más que acudir a la taimada frase: “disciplina de partido” para salir airosos, no hace tanto que hemos anatemizado a los militares argentinos que se tapaban con la ley de obediencia, pero para nuestros salerosos (de salero en su séptima acepción, gracias) miembros de las cortes todo vale. Murcianos que no aprueban transvases, aragoneses que si lo hacen, “aznaristas” de pro que hoy se manifiestan a favor de la vida (me río por no llorar, no les da la razón ni el diccionario) y que han participado durante ocho años en gobiernos y asambleas que no han modificado ni eliminado la ley contra la que hoy se vuelven.
Algunos les llaman fariseos, pero yo no puedo ser tan indulgente, el fariseo tiene el hábito blanco aunque el corazón sea negro, estos chorizos encajados dentro de ristras, tienen el traje negro igual que el alma, solo tienen colores para sus corbatas de diseño y de sastre a medida.
Se asignan salarios de escándalo basados en sus propias miras y no en las generales, el dispendio público es escabroso (en su tercera acepción), incluso obsceno en muchos casos. He intentado (les reto a ustedes a que lo intenten también) saber que sueldo oficial tienen nuestros representantes políticos elegidos democráticamente mediante listas cerradas como las de Fuenteovejuna. Este tema es el único que logra unicidad de criterio entre ellos, cuarenta y tres mil euros al año cada diputado, trabajan, perdón, asisten tres días a la semana al Congreso y poco más se les exige. Si además son elegidos por otra provincia distinta a Madrid que es donde está el Congreso, tienen dietas no contributivas, es decir por fuera del IRPF y que pueden suponer otros veinticinco mil euros más al año, independientemente de donde tengan su residencia, es decir si viven en Madrid siguen cobrando las dietas. Estas dietas se pagan sin presentar facturas ni recibos. ¿Saben ustedes cuántas empresas publican anuncios de empleo en las que se exige al trabajador residir en la población donde se realiza el trabajo? Todas, así de simple, lo que vale para todos no vale para ellos.
Podríamos añadir que más de dos terceras partes de los congresistas son pluriempleados, por lo que sus ingresos se ven incrementados notablemente con actividades paralelas y que no suponen menoscabo para su actividad de cargo electo, ya que realmente su trabajo como representante del pueblo está vacío de contenido.
Pero lo peor de todo no es lo que les he contado, como supongo que no habrán hecho el ejercicio, lo voy a hacer yo para que tomen conciencia de la realidad que vivimos, la cámara de diputados (sólo sus señorías) cuesta al erario veintitrés millones de euros al año que se reparte entre los trescientos cincuenta diputados. Cada vez que leo que un diputado se ha equivocado al emitir el voto en la cámara me dan ganas de… en fin ya se imaginan de que, supongo que sus jefes también son tan comprensivos en sus trabajos cada vez que se equivocan.
Pero vayamos con la cámara baja, diecisiete millones de euros en salarios de sus señorías senatoriales y que se dedican a… ¿alguien sabe a qué se dedican?, no está mal para no tener otra cosa que hacer.
Esperen que puedo seguir, la cifra podemos ir incrementándola, como buenos hijos que siguen el ejemplo de los padres, los parlamentos autonómicos hacen más o menos lo mismo, por lo que por ejemplo tenemos que el parlamento de Galicia cuesta cinco millones de euros, el de Asturias tres millones, etc., hasta un total de ochenta y dos millones de euros al año para los diputados regionales.
Ciento veintitrés millones de euros nos cuestan al año nuestros legisladores solo en salarios por supuesto, podríamos hacer un ejercicio estúpido de extrapolación si ponemos una media de diecisiete leyes por parlamento autonómico al año (según nota de prensa, es la cifra que consiguió la Comunidad Valenciana en 2008) cada ley sale a doscientos ochenta mil euros, pero si calculamos el coste de las preguntas que se formulan dentro de las cámaras, cada pregunta que se realiza cuesta setecientos treinta euros (datos también de 2008 en la misma comunidad).
Quizá ahora ya no parezca tan descabellado plantearse un cambio en el sistema político, al menos en lo que respecta a los mil ochocientos diecisiete mantenidos que tenemos en este país.
Se me olvidaba, cuesta creer que nuestros políticos no se pongan de acuerdo para ayudarnos a salir de la crisis y si lo consigan para gobernar juntos en el País Vasco, que raros somos los ciudadanos que no entendemos de política.
Debe ser eso.
Todos los elegidos (que no representantes) se esconden en la masa de sus partidos para tapar sus incomodidades éticas y económicas, se respaldan unos a otros como perros que defienden el ganado pero pelean por el hueso que les tira el pastor. Cada día se suceden más y más casos de parlamentarios que rompen su código deontológico por un plato de lentejas, no tienen más que acudir a la taimada frase: “disciplina de partido” para salir airosos, no hace tanto que hemos anatemizado a los militares argentinos que se tapaban con la ley de obediencia, pero para nuestros salerosos (de salero en su séptima acepción, gracias) miembros de las cortes todo vale. Murcianos que no aprueban transvases, aragoneses que si lo hacen, “aznaristas” de pro que hoy se manifiestan a favor de la vida (me río por no llorar, no les da la razón ni el diccionario) y que han participado durante ocho años en gobiernos y asambleas que no han modificado ni eliminado la ley contra la que hoy se vuelven.
Algunos les llaman fariseos, pero yo no puedo ser tan indulgente, el fariseo tiene el hábito blanco aunque el corazón sea negro, estos chorizos encajados dentro de ristras, tienen el traje negro igual que el alma, solo tienen colores para sus corbatas de diseño y de sastre a medida.
Se asignan salarios de escándalo basados en sus propias miras y no en las generales, el dispendio público es escabroso (en su tercera acepción), incluso obsceno en muchos casos. He intentado (les reto a ustedes a que lo intenten también) saber que sueldo oficial tienen nuestros representantes políticos elegidos democráticamente mediante listas cerradas como las de Fuenteovejuna. Este tema es el único que logra unicidad de criterio entre ellos, cuarenta y tres mil euros al año cada diputado, trabajan, perdón, asisten tres días a la semana al Congreso y poco más se les exige. Si además son elegidos por otra provincia distinta a Madrid que es donde está el Congreso, tienen dietas no contributivas, es decir por fuera del IRPF y que pueden suponer otros veinticinco mil euros más al año, independientemente de donde tengan su residencia, es decir si viven en Madrid siguen cobrando las dietas. Estas dietas se pagan sin presentar facturas ni recibos. ¿Saben ustedes cuántas empresas publican anuncios de empleo en las que se exige al trabajador residir en la población donde se realiza el trabajo? Todas, así de simple, lo que vale para todos no vale para ellos.
Podríamos añadir que más de dos terceras partes de los congresistas son pluriempleados, por lo que sus ingresos se ven incrementados notablemente con actividades paralelas y que no suponen menoscabo para su actividad de cargo electo, ya que realmente su trabajo como representante del pueblo está vacío de contenido.
Pero lo peor de todo no es lo que les he contado, como supongo que no habrán hecho el ejercicio, lo voy a hacer yo para que tomen conciencia de la realidad que vivimos, la cámara de diputados (sólo sus señorías) cuesta al erario veintitrés millones de euros al año que se reparte entre los trescientos cincuenta diputados. Cada vez que leo que un diputado se ha equivocado al emitir el voto en la cámara me dan ganas de… en fin ya se imaginan de que, supongo que sus jefes también son tan comprensivos en sus trabajos cada vez que se equivocan.
Pero vayamos con la cámara baja, diecisiete millones de euros en salarios de sus señorías senatoriales y que se dedican a… ¿alguien sabe a qué se dedican?, no está mal para no tener otra cosa que hacer.
Esperen que puedo seguir, la cifra podemos ir incrementándola, como buenos hijos que siguen el ejemplo de los padres, los parlamentos autonómicos hacen más o menos lo mismo, por lo que por ejemplo tenemos que el parlamento de Galicia cuesta cinco millones de euros, el de Asturias tres millones, etc., hasta un total de ochenta y dos millones de euros al año para los diputados regionales.
Ciento veintitrés millones de euros nos cuestan al año nuestros legisladores solo en salarios por supuesto, podríamos hacer un ejercicio estúpido de extrapolación si ponemos una media de diecisiete leyes por parlamento autonómico al año (según nota de prensa, es la cifra que consiguió la Comunidad Valenciana en 2008) cada ley sale a doscientos ochenta mil euros, pero si calculamos el coste de las preguntas que se formulan dentro de las cámaras, cada pregunta que se realiza cuesta setecientos treinta euros (datos también de 2008 en la misma comunidad).
Quizá ahora ya no parezca tan descabellado plantearse un cambio en el sistema político, al menos en lo que respecta a los mil ochocientos diecisiete mantenidos que tenemos en este país.
Se me olvidaba, cuesta creer que nuestros políticos no se pongan de acuerdo para ayudarnos a salir de la crisis y si lo consigan para gobernar juntos en el País Vasco, que raros somos los ciudadanos que no entendemos de política.
Debe ser eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario